Que esa paupérrima y pésima cadena de televisión que pagamos entre todos, conocida por muchos como “la nuestra” debería mas bien ser conocida por “la de ellos” es algo que siempre he pensado. Todos sabemos ya de quien se habla, para algo me ha servido su slogan. Este pensamiento mío, surge cuando miro los títulos de crédito de los diferentes programas que realizan y fácilmente es apreciable que predominan una serie de apellidos que se repiten una y otra vez entre directivos, equipo técnico y personal artístico y/o periodístico. Esta idea se acrecienta aún más cuando compruebo que para acceder a los diferentes puestos de empleo que esta empresa subvencionada por todos genera, no se convocan oposiciones ni nada que se le parezca.  Hasta ahí todo normal,… entiéndanme bien, digo normal porque en Canarias en muchos casos predomina tanto la anormalidad que esta por habitual se convierte en lo normal. No me refiero al afirmar que bien podría ser denominada “la de ellos” en lugar de “la nuestra”, a esta noticia publicada en el diario La Provincia y que hace referencia a la TV Canaria, aunque este artículo me obligue inevitablemente a recordar que la isla de Tenerife concentra y de manera abusiva si hacemos la comparación, el mayor porcentaje de producción para esta cadena de todas las islas. Yo me refiero a la curiosa forma de contratación existente en una tv que es de todos. 
Total,... como me la regalaron, pues no me da pena

Total,... como me la regalaron, pues no me da pena.

   Y es que no hay excusa. Si se quiere ocupar un puesto por el que muchos suspiran, se debe ser el mejor en ese puesto y para ello se debe dar a todos la misma oportunidad de optar a dicho empleo y no elegir al dedillo a los candidatos. Se tiene que tener en cuenta la formación y estudios de cada persona y establecer en razón a esos estudios unos grupos o niveles. El que es técnico auxiliar debe trabajar de técnico auxiliar y el que es Licenciado en Ciencias de la Comunicación optar a un puesto acorde a su titulación. Sin embargo, lo que no se puede hacer si nos atenemos a la ética y código profesional, es precisamente el pan nuestro de cada día en esa casa. Y así, podemos ver como técnicos salidos de FP o personas que estuvieron en la Facultad de C.C. pero que fracasaron estrepitosamente y no llegaron a superar ni tan siquiera el primer ciclo, se convierten en realizadores de los programas mas importantes, desplazando a los realmente licenciados o diplomados. De esta forma, el sufrido espectador obtiene como resultado programas en los que el lenguaje audiovisual ha recibido un tosco trato por una persona que desconocedora del mismo se dedica a pulsar botones sin rigor alguno. Directores de fotografía que aún contando con los mejores equipos no son capaces de crear un simple esquema de iluminación. Jefes de sonido a los que se les cuela el móvil o cámaras incapaces de hacer un plano correctamente compuesto y viciados con un patético e inexpresivo movimiento de zoom in-zoom out que se eterniza durante toda la entrevista. Eso por no hablar de los presentadores que merecen un capítulo aparte y creo que más de un post. Mención aparte también merece su carta de emisión donde abundan los culebrones, programas del corazón y películas de los años 50, pero escasean los programas de producción propia y la cobertura informativa cuando surgen de manera espontánea eventos no previstos, tales como la catástrofe del incendio que asoló Gran Canaria y Tenerife en el verano de 2007. Decirlo de otra forma es afirmar que lo que prima es la telebasura cuando en realidad lo normal serían programas de producción propia, la difusión de la cultura y arte de Canarias, así como los eventos y sucesos relacionados con nuestra sociedad. 

   Pero que podemos esperar de una televisión que evita emitir actos y manifestaciones de unos grupos políticos mientras repite hasta la saciedad cualquier cosa que haga el partido de la oposición. Una televisión que en épocas de verano abandona de un modo tan atroz su producción que hasta suspende el informativo matinal y la mitad de los programas de producción propia previstos en la parrilla de programación y se dedica en su lugar a llenar horas a base de re-emitir programas ya vistos cien veces. Una televisión que ya nació con polémica y que el Gobierno de Aznar denunció en los tribunales por considerar que el modelo era ilegal. Una televisión que adjudica a dedo la contratación de programas,…

   La forma de gestionar esta empresa debe cambiar y este cambio debe realizarse a corto plazo, porque entre otros muchos motivos, es una televisión que pagamos entre todos y porque a día de hoy son muchos los jóvenes que estudian para el día de mañana optar a uno de esos puestos y sería injusto dejarles a un lado tan sólo porque no caen bien, no son lo suficientemente guapos, no generan la suficiente empatía o no son amigos de fulanito o menganito.