Decía Manuel Campo Vidal, en una conferencia para la UOC (Universitat Oberta de Catalunya), allá por el año 2002 : «la desigualdad en el mundo ha aumentado de forma tan espectacular en los últimos once años que en la reunión celebrada en Bruselas en mayo del 2001, cuando se celebró la tercera cumbre mundial de los países más pobres, el número de países que por sus estándares económicos tenían derecho al triste título de “país más pobre de la Tierra” era de cuarenta y nueve, mientras que once años atrás era de veinticinco (…) De todos los acuerdos que se tomaron entonces nadie los ha cumplido, excepto cinco países que han ayudado con el 0,2% de su producto interior bruto a los países más pobres. No con el 0,7 que se reclama, no: con el 0,2, y solamente cinco países. En honor a ellos, citémoslos: Suecia, Luxemburgo, Holanda, Dinamarca y Noruega. Son los únicos que han cumplido con aquél compromiso. Y es evidente que la desigualdad va en aumento. Va en aumento, y cuando estamos hablando de países más pobres estamos diciendo países donde, como indicador fundamental, la renta media anual es inferior a 170.000 pesetas, no dólares. Y por supuesto tienen una economía vulnerable y unos bajos indicadores en educación, en sanidad, etcétera».

   Hoy en día, varios años después, las cosas no sólo no han mejorado si no que han empeorado. Sin embargo, nosotros, desde nuestra situación de ciudadanos del primer mundo, no sólo somos insensibles, sino que además, adoptamos en innumerables ocasiones una aptitud intolerante hacia los inmigrantes. Por ello, continuando con mi propósito de llamar a las cosas por su nombre, les invito a ver este vídeo conseguido en Sant-Youtube.

  Y es que creo que ya es hora de darnos cuenta de que son ellos, los inmigrantes, los que mueren, pero somos nosotros, nuestra sociedad, la que huele a podrida.